Alerta por troyanos en videos de YouTube

Por Mundo Contact | 5 septiembre 2007 | Tecnología

La firma de soluciones antivirus Websense alertó sobre la propagación del programa malicioso Storm Trojan mediante la utilización de videos del sitio YouTube con la finalidad de atraer usuarios. Se trata de una última versión que contiene una variedad de títulos y textos de correos electrónicos, que ahora usa el nombre de archivo video.exe

La firma de soluciones antivirus, Websense alertó sobre la propagación del programa malicioso Storm Trojan mediante la utilización de videos del sitio YouTube con la finalidad de atraer usuarios.

De acuerdo con un comunicado de la empresa de software de seguridad web y filtrado de contenido, se trata de una última versión que contiene una variedad de títulos y textos de correos electrónicos, que ahora usa el nombre de archivo video.exe.

Detalla que algunos de los títulos que podría encontrar el usuario es “Sheesh man what are you thinkin” o “Demonios, qué estás pensando” y al conectarse a la dirección, transferido como una liga de YouTube que en realidad es una dirección de IP, se intenta ejecutar el mismo código maligno usado en ataques anteriores.

“Como pasaba anteriormente, si los usuarios dan click desplegarán la página que solicita la ejecución del código manualmente” con una leyenda “this i not good. If this video gets to her husband your both dead. Here is the link I got” , cuya traducción sería “Esto no está bien. Si este video lo ve su esposo ambos están muertos. Aquí está la liga que tengo” .

Websense destaca que los usuarios finales que no cuenten con herramientas de seguridad como Websense Web Security Suite, deben mantener todos sus dispositivos de seguridad actualizados para evitar infecciones y daños a sus equipos o información.

Un troyano es un programa malicioso capaz de alojarse en computadoras y permitir el acceso a usuarios externos, a través de una red local o de Internet, con el fin de recabar información o controlar de forma remota a la máquina anfitriona.

Fuente: El Economista, Mexico