El mundo se convierte en aula y el aula se convierte en el mundo

El mundo se convierte en aula y el aula se convierte en el mundo

El mundo se transforma en un aula y el aula se convierte en el mundo, creando un espacio de aprendizaje digital y analógico

Por Rafael Ugalde | 14 abril 2017 | Actualidad, Tecnología

Los avatares están dando una forma humana y computarizada a la inteligencia artificial (AI) avanzada. Al abarca desde sistemas de reservaciones robóticas automatizadas más inteligentes para aerolíneas, hasta pequeños robots de entrega de alimentos, y farmacéuticos virtuales que detectan el potencial de reacciones negativas a medicamentos basados en nuestras historias personales y regímenes de prescripción.

Esto significa que la inteligencia artificial es de propósito general, se puede utilizar para múltiples tareas y literalmente puede “pensar” por su cuenta.

Avatares como Clifford están dando una forma humana de educación a los niños, en las áreas donde se necesite refuerzo, incluso individual, creando así estructura, confiabilidad y progresión.

En las condiciones actuales de AI, ya podemos educar a los niños usando la tecnología actual. Los sistemas de aprendizaje adaptativos ya están en muchas escuelas y se están construyendo aplicaciones educativas para teléfonos, iPads y computadoras.

Avatares como Clifford podrían convencer a los maestros en la aplicación de AI. La fórmula es vincular dos capacidades: una es la capacidad de reconocer como un ser humano aprende y luego probar las estrategias y métodos educativos para encontrar los más adecuados para cada individuo; la otra es la capacidad de interactuar con seres humanos sobre una base de eventos e interacciones de persona a persona en lugar de hombre a máquina.

En ambas áreas se están realizando día con día grandes progresos.

La posibilidad de hacer coincidir las estrategias y métodos educativos con los estilos de aprendizaje individuales es esencialmente un problema de Big Data. Con el uso de más y más herramientas, los estudiantes vienen registrando cómo funcionan las estrategias y métodos actuales. Por ahora, se trata de una gigante Torre de Babel con miles y miles de aplicaciones de aprendizaje que se recopilan en grandes bases de datos.

Estos grandes volúmenes de bases son utilizados por las ciencias de datos para definir conjuntos y sugerir recomendaciones más precisas sobre qué tipo de estrategias de educación funcionan mejor y para qué tipos de estudiantes. En esencia, se trata de encontrar el estilo de aprendizaje adecuado que se convierta en un empalme de patrones.

El último alcance de Clifford es la realidad virtual (VR). Este es el primer año en que VR entra a la corriente principal. Los lentes VR pronto costarán menos. Dentro de poco surgirán los dispositivos de retroalimentación que nos permiten sentir texturas o doblar objetos en un mundo virtual.

En el mundo de VR, Clifford puede ayudar los estudiantes a hacer todo lo posible, desde el estudio de canciones de los pájaros y el medio ambiente hasta el examen de propiedades de resilencia de los árboles de Secoyas, como si realmente estuvieran en el bosque.

Por supuesto, los lentes VR y los sensores incorporados en el smartphone sincronizado con la pequeña diadema, mostrarán toda la clase de indicadores biológicos sobre nuestro estado de aprendizaje: dilatación pupilar, saturación de oxígeno en sangre, patrones de ondas cerebrales potencialmente significativas, nivel de compromiso y absorción de información.

Con todo esto, el mundo se convierte en el aula y el aula se convierte en el mundo. La conjunción de estos dos mundos será el largo camino de un espacio de aprendizaje digital y analógico.

Con información de MarketWatch

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