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Huawei desarrolla super chips pseudo-neuronales en móviles

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Cuando pareciera que casi todo está inventado en diseño, pantalla, fotografía, batería, navegación, entretenimiento, redes sociales, productividad o vida sana, Huawei desarrolla móviles con capacidad de pensar, actuar y aprender como se tratara de una persona.

Con los chips NPU (Neuronal Network Processor Unit) se distingue al microprocesador Kirin 970 respecto a lo conocido hasta ahora. La inteligencia artificial de Huawei alcanza límites hasta ahora insólitos, al desligarla de la nube de Internet.

Por ejemplo, con este tipo de super chips, las cámaras de los móviles Mate 10 agregarán por sí mismas el modo de retrato cuando comprendan que están fotografiando a personas o aplicarán el modo nocturno ante la ausencia del sol. También reconocerán objetos, escenas y aprenderán al distante cuando le corrigen errores.

Los conocimientos acumulados permiten agrupar, de forma automática, las imágenes por temas, retratos, paisajes, perros, gatos, plantas, comida, textos, cielos despejados, nieve, playa o los usos que va aprendiendo del usuario con cada interacción humana.

Esta nueva generación de dispositivos aprende a optimizar sus recursos en función de los usos del propietario. Es decir, igual que las personas se quitan los lentes de sol para dormir, estos teléfonos reducen su capacidad de proceso en las horas de baja o nula actividad.

Desde luego, en un mundo inédito, se podría pensar que a todas estas facilidades que dotan de inteligencia a los equipos, se agregara el componente de inteligencia emocional, que permitiría una identificación individualizada de la conducta e incluso las motivaciones y emociones de los usuarios.

Sin embargo la gran diferencia entre la inteligencia que pueden asimilar las máquinas de las personas, se carece de su capacidad de raciocinio, particularmente en entornos ajenos a la rutina o cuando la realidad resulta imprevisible y es necesario ajustar las respuestas programadas a otras condiciones más elaboradas y sofisticadas y alternas.

Con información de El Economista.es

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