México, rezagado en penetración de banda ancha

Por Mundo Contact | 25 abril 2008 | Web

El integrante del pleno de la Cofetel, Eduardo Ruiz Vega, sostuvo que México corre el riesgo de ensanchar la brecha digital, toda que su penetración de banda ancha es apenas de 3.5%, cuando en los países miembros de la OCDE es de 17.5 por ciento

Si México no logra superar el rezago que tiene en cuanto a la penetración y costos de la banda ancha antes de llegar a las redes de nueva generación, se corre el riesgo de ensanchar la brecha digital.

Así lo expuso el integrante del pleno de Cofetel, Eduardo Ruiz Vega, en el marco de la Expo Canitec 2008, donde señaló que el país tiene una penetración de banda ancha de sólo 3.5 por ciento, cuando el promedio en los países miembros de la OCDE es de 17.5 por ciento.

Destacó que “en México la banda ancha es un insumo fundamental para hablar de redes de tercera generación”, por lo que consideró necesario generar condiciones óptimas o de lo contrario se abrirá una brecha digital “muy grande”.

Expuso que la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) impulsa una agenda con temas como portabilidad numérica, licitación de frecuencias de espectro radioeléctrico, el Plan Técnico Fundamental de Interconexión e Interoperabilidad, marcación de 10 dígitos y desregulación pro-convergente.

Lo anterior, con miras a la convergencia tecnológica y de servicios que abra un mercado de telecomunicaciones incluyente para los consumidores de un país que apenas llega a 3.5 millones de accesos a banda ancha, sostuvo.

Ruiz Vega mencionó que la Cofetel trabaja en un modelo de costos de redes de nueva generación, el cual se determinará mediante una consulta pública una vez que se publique el Plan Técnico Fundamental de Interconexión.

Este plan, que podría estar listo en el segundo semestre de 2008, no sólo actualiza la regulación vigente en materia de interconexión y pretende que este proceso se dé sin discriminación entre operadores, sino que los plazos de negociación no signifiquen retrasos, agregó.

Fuente: El Economista, México