Inicio Web 2017 Actualidad Ni el anonimato puede esquivar la Gran Cibermuralla china

Ni el anonimato puede esquivar la Gran Cibermuralla china

Cada vez resulta más difícil opinar libremente en China, donde la censura gubernamental sigue endureciéndose para eliminar cualquier grieta que permita ser crítico con el régimen. Lo último, la prohibición del anonimato en internet para presionar al usuario a que se autocensure.

A partir de mañana, “La Gran Cibermuralla”, como popularmente se conoce el brazo censor del Gobierno, podrá saber quién está detrás de cualquier comentario que circule por el ya controlado internet chino, donde los todos los usuarios tendrán que estar registrados con sus datos personales reales.

Bajo el pretexto de frenar la difusión de rumores, contenido pornográfico o “información prohibida” -que no se especifica exactamente qué es, por lo que puede englobar cualquier comentario crítico-, las autoridades dan un paso más en su afán por tener el control sobre internet.

“Probablemente la normativa tendrá un efecto espeluznante, haciendo que los internautas se autocensuren por miedo a ser encarcelados por ejercer su derecho a la libertad de expresión”, alerta la investigadora de Chinese Human Rights Defenders (CHRD), Frances Eve.

No es la primera vez que las autoridades exigen a los usuarios que se registren con sus nombres reales, pero la novedad es que ahora la responsabilidad recaerá en los proveedores de los servicios si no se cumple la ley, lo que implicará un mayor control sobre todas las publicaciones de los usuarios.

En la normativa, la Administración del Ciberespacio de China (ACC) recuerda que los ciudadanos no deben utilizar internet para “perjudicar la seguridad y honor del Estado”, “derribar el sistema del socialismo” o “inventar o proliferar informaciones falsas para alterar el orden económico y social”.

“Mientras que las autoridades ya han arrestado y encarcelado a activistas de derechos humanos por sus palabras en la red, al extender la normativa están mandando señales a la policía para que amplíe las operaciones policiales contra discursos menos delicados”, explica Eve.

Los usuarios, que ya empiezan a estar acostumbrados a estas restricciones, reiteran sus críticas ante el control gubernamental y confiesan que a partir de ahora no se atreverán a compartir noticias o informaciones a través de la red.

“El control de la libertad de expresión puede traer consecuencias muy malas. Tapar la boca de la gente es peor que tapar el paso de un río”, opina un usuario en Weibo, el equivalente chino a Twitter.

“Yo me he retirado de la mayoría de los grupos, excepto de uno de compañeros del colegio donde nadie habla”, bromea otro usuario chino.

La investigadora de CHRD recuerda que, antes incluso de que entre en vigor la nueva normativa, ya se han producido algunas detenciones, como la de Liu Pengfei, administrador de un grupo de WeChat, la aplicación móvil más popular del país, donde, al parecer, compartían información crítica sobre China.

Desde que a principios de septiembre la Policía de Pekín registró su casa y lo arrestó, las autoridades han rechazado proporcionar a la familia información sobre su paradero.

Los foros y plataformas de discusión se habían convertido en un punto de intercambio de opiniones, donde muchos solían recurrir a los seudónimos para burlar la censura ante el endurecimiento del control desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping, en 2013.

Precisamente, las nuevas restricciones llegan días antes de la celebración del XIX Congreso del Partido Comunista, que comenzará el próximo 18 de octubre y en el que se esperan cambios en la cúpula del régimen.

Como ya ha ocurrido en otras ocasiones, ante situaciones sensibles, el Gobierno opta por endurecer su aparato censor, que bloquea todo aquello que considera perjudicial o contrario a las directrices oficiales.

Por ejemplo, en los últimos días, los usuarios de WhatsApp, que encripta sus mensajes y dificulta que éstos puedan ser monitorizados por terceros, están sufriendo continuos bloqueos del servicio.

Cada vez son más son los usuarios que recurren a los servidores VPN para poder sortear la censura oficial y acceder a páginas y aplicaciones bloqueadas por Pekín, como Google, Twitter, Facebook, YouTube o Instagram.

Pero estos servicios de navegación anónima también podrían tener los días contados, ya que las autoridades chinas han declarado la guerra contra estas “conexiones no autorizadas”, con las que quiere acabar a principios de 2018.

EFE

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