Brian Acton, cofundador de WhatsApp, deja la compañía

Brian Acton, cofundador de WhatsApp, deja la compañía

El cofundador de WhatsApp Brian Acton anunció que planea salir de la compañía que creó junto con Jan Koum, el actual CEO.

Un portavoz de Facebook dijo que Acton no será reemplazado en su puesto, mientras que Koum seguirá al frente de la compañía.

El creador de la popular aplicación de mensajería instantánea dijo estar orgulloso de lo que su equipo ha logrado en tan sólo ocho años, y ahora comenzará ‘un nuevo capítulo’ en su vida.

Según Acton, la nueva empresa estará ‘centrada en la intersección de las organizaciones sin fines de lucro, la tecnología y las comunicaciones’.

Acton dirigía los equipos de ingenieros la aplicación de mensajería que hace tres años adquirió Facebook por 22,000 millones de dólares.

El cofundador de la aplicación dirigía actualmente una iniciativa de WhatsApp para crear herramientas para empresas e introducir características adicionales a cambio de una tarifa, con el fin de rentabilizar su popularidad, informó la semana pasada el diario The Wall Street Journal.

Cuando se anunció la compra de WhatsApp por parte de Facebook, en febrero de 2014, la empresa tenía 55 empleados y 450 millones de usuarios al mes, y desde entonces la base de usuarios casi se ha triplicado hasta los 1,300 millones mensuales.

EFE

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Jan Koum de WhatsApp, el nuevo multimillonario de Silicon Valley

Jan Koum de WhatsApp, el nuevo multimillonario de Silicon Valley

Jan Koum nació en Kiev, de niño nunca tuvo agua caliente en su casa, sobrevivió con cupones de comida cuando emigró a Estados Unidos. con 17 años y acaba de convertirse en millonario de Silicon Valley. La empresa que creó hace 5 años, WhatsApp, será el mayor desembolso de la historia de Facebook.

Orgulloso de su espectacular progreso y en un gesto cargado de simbolismo, Koum ha escogido para firmar el acuerdo de 19,000 millones de dólares anunciado el miércoles el centro social donde acudía con su madre a recoger los vales de ayuda alimenticia en sus primeros años en Estados Unidos, adonde llegaron huyendo de las tensiones políticas de la Ucrania soviética y buscando mejores perspectivas de futuro.

Hijo de un maestro de obras y una ama de casa ya fallecidos, el perfil y la actitud de Koum son la antítesis de lo que a priori se espera de un nuevo multimillonario de esa meca de la tecnología que es Silicon Valley, en California.

El emprendedor de 38 años es un hombre modesto, celoso de su vida privada y conocido por tener principios muy sólidos, unas ideas de las que ha dejado claro que no va a alejarse ni un ápice a pesar de que su empresa de 55 empleados pasará a manos del gigante Facebook, la red social más popular del mundo y cuya filosofía es antagónica en muchos aspectos al espíritu con el que Koum creó su popular servicio de mensajería instantánea.

whatsapp“No anuncios, no juegos, no artilugios”, puede leerse en una nota colgada en la pared de su oficina. Koum y su socio, el estadounidense Brian Acton, concibieron WhatsApp precisamente como una plataforma libre de todas aquellas cosas que detestan del mundo de la tecnología y que les llevaron a abandonar Yahoo, la empresa donde se conocieron, para crear su propio negocio.

Para los padres del servicio de mensajes gratuitos de móvil más universal hay dos líneas rojas que no traspasaran de ningún modo, ni siquiera por la multimillonaria cantidad que Facebook ha pagado por su empresa, una cifra que los expertos consideran desorbitada.

La primera de ellas es la privacidad. Koum, marcado por su infancia y juventud en un país donde se intervenían las comunicaciones de los ciudadanos, se ha asegurado desde los inicios de WhatsApp hace cinco años de que la aplicación recoja la menor cantidad posible de datos de los usuarios, que solo necesitan su número de móvil para identificarse y tener acceso al servicio.

Este aspecto no podría chocar más con la filosofía de Facebook, su comprador, que por su naturaleza de “libro abierto” de las vidas de sus usuarios solicita todo tipo de información, unos datos con los que ha logrado ingentes beneficios a través de los anunciantes, para quien la red social efectúa una segmentación de mercado que no tiene precio.

De hecho Koum nunca ha nombrado a Facebook cuando se le ha preguntado en entrevistas por sus aplicaciones favoritas, entre las que sí ha mencionado a otras también muy populares pero menos exhibicionistas de la vida privada, como Twitter.

Su infancia en un pequeño pueblo rural a las afueras de Kiev, donde durante más de una década tuvo el mismo reducido grupo de amigos, le hace recelar aún de las relaciones sociales que muchas veces se establecen en Estados Unidos, y de las que plataformas como Facebook son el mejor exponente: tener muchos conocidos pero mantener con ellos amistades volátiles y poco profundas.

Librar a los usuarios de la habitual avalancha de anuncios publicitarios con los que los acribillan otras plataformas, como el propio Facebook, es otra de las máximas de este emprendedor autodidacta, que siempre fue un estudiante rebelde y dejó la universidad antes de acabar sus estudios para incorporarse a Yahoo.

En virtud de esta filosofía, él y Acton optaron por no “mercantilizar” el servicio de comunicación que ofrecen. Un deseo que el consejero delegado y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, ya ha dicho que respetará, al menos al principio, puesto que el objetivo primordial no es incorporar anunciantes a toda prisa sino captar nuevos usuarios.

Koum considera que los anuncios, empleados por la mayoría de sus competidores para obtener beneficios, son una intromisión en la comunicación personal y además convierten a los usuarios en productos.

“La publicidad nos hace querer comprar coches y ropa, trabajar en empleos que odiamos para poder comprar lo que no necesitamos”, tuiteó en 2011, citando esta conocida frase de la película “El club de la lucha”.

El emprendedor está convencido de poder mantener estos principios ahora que su empresa pasará a ser propiedad de Facebook, la red social que en su décimo aniversario confía en WhatsApp para seguir siendo atractiva para el público más joven y apuntalar además su salto al móvil.

EFE

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Facebook compra WhatsApp: una apuesta a largo plazo

Facebook compra WhatsApp: una apuesta a largo plazo

Facebook, la red social más popular del mundo, ha dejado boquiabierto al mercado tecnológico al anunciar la mayor compra en sus diez años de vida: 19,000 millones de dólares por el popular servicio de mensajería WhatsApp, una apuesta por retener a los usuarios más jóvenes y apuntalar su salto al móvil.

Defender durante una década un liderazgo como el de Facebook en el volátil mundo de las comunicaciones y la tecnología obliga a no bajar la guardia y a unirse al competidor cuando no se puede con él.

Tras su fallido intento de lanzar un servicio de mensajería capaz de mirar a los ojos a sus rivales, Facebook trató sin éxito de hacerse con SnapChat, muy popular entre los jóvenes de toda Norteamérica por su atractivo sistema en el que los mensajes desaparecen una vez son leídos.

Esta negativa fue un revés en los planes de Facebook, que fía su crecimiento futuro a la transición de la web al móvil, consciente de que la democratización y popularidad de los teléfonos inteligentes ha llevado a muchos usuarios a desplazar sus “clics” del escritorio a sus ratos en el transporte público o a las esperas.

La compra de WhatsApp, que por el momento sólo está anunciada, ha sorprendido al mercado tecnológico que, a tenor de las opiniones de los expertos, considera desorbitado el desembolso de 19,000 millones de dólares por una empresa de 55 empleados, sin beneficios por publicidad, y cuyo servicio es gratuito los primeros doce meses y después sólo cuesta un dólar al año.

Esta no es la primera vez que el mercado se lleva las manos a la cabeza con las cuantiosas ofertas de Facebook: ya consideraron desmedida la compra de Instagram, la red social más popular de retoque de fotografías, por 1,000 millones de dólares y los 3,000 millones con los que tentó a SnapChat.

El consejero delegado y fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, ha salido enseguida a defender las bondades de su adquisición con un argumento sencillo pero firme: el valor de WhatsApp está en que su crecimiento es tal que puede llegar a conectar a 1,000 millones de usuarios.

De hecho, aunque WhatsApp parezca pequeña al lado de un gigante como Facebook, lo cierto es que sus números desde su fundación hace cinco años son mejores que los que tuvo la red nacida en Harvard en sus inicios.

WhatsApp hizo historia al ser la compañía que más rápido alcanzó los 450 millones de usuarios, una cifra que triplica a la que tenía Facebook en su cuarto año (150 millones) y que representa casi el doble de los que tiene la popular Twitter.

El 70% de los usuarios de WhatsApp utiliza esta sencilla aplicación cada día para enviar ilimitados mensajes, ‘emoticons’, fotografías y vídeos a sus familiares, amigos y compañeros con costo cero y sin necesidad de nada más que la conexión a internet del móvil, en clara sustitución de los mensajes de texto.

La popularidad de los SMS ha caído en picada desde que Internet conquistó los teléfonos móviles. Aplicaciones como WhatsApp permiten lo que antes parecía impensable: matar la duda de si nuestro destinatario ha leído ya o no el mensaje o saber cuál fue la hora exacta de su última conexión.

Su ritmo parece imparable: cada día un millón de personas incorporan el característico icono verde de esta aplicación a sus móviles y esto sucede en países de todo el mundo.

WhatsApp es la única aplicación de mensajería que ha logrado una universalidad comparable a la del popular servicio de llamadas con vídeo Skype, adquirida por Microsoft en 2011 por 8,500 millones de dólares.

A través de los WhatsApp de todo el mundo circulan cada día 600 millones de fotos y 100 millones de vídeos. Su número de usuarios fieles, es decir los que se conectan al menos una vez al día, supera incluso a los de Facebook, con el 70% y el 61%, respectivamente.

Con estas inapelables cifras no es de extrañar que a esta compañía, de 55 empleados y sin tan siquiera equipo de relaciones públicas, la hayan cortejado los más grandes del sector, incluido el todopoderoso Google.

Los creadores de WhatsApp, el ucraniano Jan Koum y el estadounidense Brian Acton, que con la compra de Facebook se incorporarán a las listas de millonarios de Estados Unidos, se jactan de seguir un modelo alejado de los estándares de la meca de la tecnología, Silicon Valley.

En virtud de esta filosofía, optaron por no “mercantilizar” el servicio de comunicación que ofrecen, de manera que en el chat de WhatsApp los usuarios no se ven acribillados por los anuncios que inundan otras plataformas, como la propia red social Facebook, que se ha llenado los bolsillos a base de publicidad.

Zuckerberg ha querido respetar este deseo, al menos al principio, y ha dejado claro que no hay ninguna prisa por incorporar anunciantes al servicio de WhatsApp puesto que el objetivo primordial es captar nuevos usuarios.

Para Facebook esta compra es una apuesta a largo plazo. El puntal que necesita para mantenerse en el candelero de un mundo como el tecnológico, donde el fervor por las nuevas ideas muchas veces desaparece casi tan rápido como se dispara.

El futuro de Facebook pasa por saltar al móvil y por seguir siendo atractivo para las nuevas generaciones de jóvenes, para quienes esta red social ya es cosa de mayores -10 años en el mundo de Internet y la tecnología son casi una eternidad-.

Los más jóvenes optan por aplicaciones más dinámicas y nuevas, como WhatsApp, que permiten la ilusión de una conexión permanente con los amigos y la familia sin tener que exhibir la vida personal ante los indiscretos ojos de los cientos de conocidos de Facebook.

EFE

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