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Trolls y bots intoxican la política

Ejércitos de Trolls y bots intoxican la política en más de 30 países

Trolls y bots intoxican la política
Trolls y bots intoxican la política

El debate público está siendo manipulado con perfiles fraudulentos en las redes sociales.

Ejércitos de formadores de opinión difunden ideas para impulsar sus agendas y contrarrestar las críticas en las redes sociales, según un informe publicado por Freedom House.

En algunos casos se trata de ejércitos reales, como los 2 millones de comentaristas que China tiene contratados para inundar noticias, redes y foros.

De 65 países analizados, al menos en 20 se identificó el uso coordinado de redes de bots (cuentas automatizadas) para influir en el discurso político.

Además, se pudo documentar ejemplos relevantes de noticias falsas sobre elecciones o referendos en al menos 16 países.

‘Los gobiernos ahora están usando las redes sociales para reprimir la disidencia y promover una agenda antidemocrática’, denunció Sanja Kelly, directora del proyecto, en la presentación del informe.

Kelly explicó que este tipo de manipulaciones es más difícil de quitar y de combatir que otros tipos de censura, como el bloqueo de webs. Frente al cierre de una página se puede encontrar un plan B, sembrar la confusión es lo más eficiente.

Los bots incluso hablan español; uno de los primeros en usarlos masivamente fue el presidente mexicano Enrique Peña Nieto antes de llegar al poder, con los populares Peñabots.

Luego llegó la oposición en Venezuela, pionero en su país en el uso de las herramientas a las que ya se ha sumado con más fuerza el Gobierno del presidente Nicolás Maduro.

‘Ahora tiene más fuerza, más repercusión y se ha sofisticando hasta hacerse tan sutil que resulta espeluznante’, comentó Mariluz Congosto, investigadora de la Universidad Carlos III, en referencia a lo mucho que se han desarrollado estas artimañas.

‘Muchos híbridos generalmente son robots automatizados pero a veces escriben tuits más trabajados, como si se tomarán las riendas de una persona’, explica Congosto en referencia a los llamados ciborgs, cuentas bots en las que también publican a mano para dar credibilidad, dirigir campañas y apuntalar sus intereses, y que por ahora son el material más efectivo en las redes de intoxicación.

Los rebaños no pretenden convencer a nadie, lo que pretenden no es lavarle el cerebro a los lectores, sino más bien ‘el verdadero efecto es abrumar la redes sociales con una avalancha de contenido falso, sembrando dudas y paranoia, y destruyendo la posibilidad de usar Internet como un espacio democrático’, explicó Adrián Chen, uno de los periodistas que dio a conocer la Internet Research Agency (IRA) en el New Yorker.

Si los opositores quieren hacer visibles sus críticas al gobierno, éste inunda la red con otros temas que sean tendencia, desde noticias bobas viralizables hasta medias verdades sobre sus políticas.

‘Los bots sociales son efectivos induciendo a las personas a creer y compartir reclamos falsos manipulando la información a la que están expuestos’. Con esto se crea la falsa impresión de que muchas personas comparten una opinión o poniendo en jaque los sesgos cognitivos y sociales de las personas.

‘Si puedes desinformar y engañar a los votantes, estás obstaculizando su capacidad de votar sobre la base de opiniones bien informadas’, denunció Filippo Menczer, investigador de la Universidad de Indiana.

Los medios y las plataformas que viven de la atención, favorecen la difusión de veneno con su negocio. El spam político se convierte en un clicbait mediático. Los periodistas viven pendientes de Twitter y sienten la necesidad de reflejar en sus medios los supuestos temas candentes, además de necesitar que el público acuda a sus noticias.

Las plataformas viven del tiempo que pasan los usuarios en ellas gracias a contenidos que se propaguen y que generen participación.

Además, aparecen nuevos actores, cabeceras digitales sin periodistas, creados exclusivamente para visualizar noticias inventadas, medias verdades e información extremista, porque se consume con avidez y genera jugosos ingresos publicitarios sin gastar en sueldos.

Muy poca gente lee la noticia antes de compartirla, muchas veces se propaga únicamente la captura del titular.

En Michigan, que fue uno de los estados clave en la elección de Donald Trump, el producto de los ‘medios basura’ tuvo más éxito en redes sociales que las noticias de medios profesionales, según un estudio de la Universidad de Oxford.

Los bots difunden noticias falsas, inundan hashtags, haciendo inútiles las conversaciones políticas en las redes sociales y fabricando un consenso manipulando métricas, asegura Lisa-María Neudert, autora del estudio.

‘Comprender la propaganda, emplear el pensamiento crítico y darnos cuenta de nuestros propios prejuicios es la mejor manera de fundar la democracia’, reclama Taxis Metaxas, investigador en Wesllesley y Harvard, que descubrió en la campaña senatorial de 2010 uno de los primeros episodios de uso masivo de bots. ‘Entonces fueron fácilmente detectables, pero ahora han mejorado mucho’.

Rusia lanzó, justo antes del Brexit, 150,000 cuentas falsas que inundaron la conversación en el Reino Unido con mensajes xenófobos, uno de los asuntos más espinosos del referéndum.

En promedio cada bot recibió cinco retuits de cuentas reales, es decir, cinco humanos compartían el contenido generado por un robot creado para contaminar.

En Estados Unidos, dos cuentas fraudulentas rusas convocaron y anunciaron en Facebook sendas manifestaciones frente al centro islámico de Houston: una islamófoba y otra en defensa de los musulmanes. Los dos grupos chocaron en la calle y los medios recogieron su enfrentamiento como ejemplo de la profunda división de los estadounidenses.

Para el Instituto de Internet de la Universidad de Oxford, los bots utilizados para la manipulación política también son herramientas efectivas para fortalecer la propaganda online y las campañas de odio (…) la propaganda informática instaura una de las herramientas más poderosas contra la democracia.

En 14 países, los gobiernos que intentan combatir las noticias falsas, únicamente terminan restringiendo la libertad de Internet.

Con información de El País

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