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Apuestan por robots blandos y flexibles

Investigadores trabajan en crear estructuras robóticas con materiales blandos y flexibles que sean más seguros y no causen daño a las personas

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Bajo el concepto de la robótica asistencial, los próximos humanoides deben ser seguros y no causar daño a las personas, y por eso los investigadores trabajan en crear estructuras robóticas con materiales blandos y flexibles, o soft robotics.

En el marco del evento IROS 2018 que se raliza en Madrid, se presentan algunos de las mayores figuras mundiales de la robótica blanda, como la italiana Cecilia Laschi, responsable de un pulpo robótico completamente blando, o el alemán Helmut Hauser, que trabaja en computación morfológica para el control de este tipo de aparatos.

El Robotics Lab dependiente de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) presentará su humanoide TEO para labores de investigación, acompañado de dos novedosos prototipos robóticos de cuello ‘blando’ y ‘flexible’ realizados por este laboratorio científico.

También será presentada la versión mini de Maggie, un robot social empleado en tareas de rehabilitación de trastornos neuronales, o Amor, un brazo robótico asistencial para cocinas adaptadas a personas discapacitadas.

También estarán presente los robots NAO y Pepper, conocidos por sus capacidades sociales y de interacción, así como de robots submarinos, de rescate, de inspección de infraestructuras o vehículos autónomos.

Concha Monje, una investigadora muy premiada por su trayectoria científica, explica que en robótica ‘estamos investigando materiales blandos’ con una doble vertiente. Por un lado, por motivos de seguridad para la absorción de golpes, y por otro, para facilitar maniobras al robot al dotarlo de estructuras menos rígidas que le ayuden a moverse en entornos complejos.

‘Si la cabeza del robot sufre un golpe, el material blando lo absorbe muchísimo mejor que si es rígido. Además, evita que el impacto sea doloroso a quien se golpea contra un robot’, añade.

El material flexible permite además al robot acceder a ‘sitios más angostos o llegar a escenarios difíciles’ y manejarse en situaciones de rescate ‘en donde un robot rígido muy malamente puede funcionar’, continúa la investigadora.

Los dos cuellos flexibles que presenta Robotics Lab en el congreso han sido desarrollados con una impresora 3D a partir de material blando, y su diseño consiste en unos cilindros con forma de vértebras conectadas, además de unos pequeños motores que accionan los cables que mueven el cuello en el espacio tridimensional.

Sobre la popularización de los robots humanoides en la vida cotidiana, Concha Monje considera que es algo aún ‘un poco lejano’, especialmente por los problemas que implica la locomoción bípeda.

Los dos grandes desafíos en el desarrollo de la tecnología humanoide son la mejora de sensores y de los motores con los que el robot acaba implementando las acciones.

Monje prevé como ‘una realidad próxima’ la popularización de plataformas de inteligencia artificial que ‘nos facilitarán mucho la vida’ en cuestiones como búsquedas o la interacción por voz con las cosas en el hogar.

La tecnología ‘nos reconocerá fácilmente’ con comandos de voz o imágenes, ‘se dirigirá a nosotros en primera persona y sabrá quienes somos, nuestros gustos o cómo queremos’ la iluminación o ventilación del hogar, según la investigadora.