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Demanda por Servicios Móviles (Columna de Ernesto Piedras)

Mercado y Empresas

En los próximos días reportaremos en este espacio los números consolidados del mercado de telecomunicaciones, tanto en términos de líneas como de ingresos. En lo que toca al mercado de servicios móviles (es importante usar esta denominación en lugar de mercado celular, que no incluye a Nextel, segundo operador nacional en importancia medido por sus ingresos), seguramente encontraremos que la impresionante demanda por líneas en el 2006 rebasó las 56 millones, con una también creciente utilización de los diversos servicios de transmisión de voz, datos y también de servicios de tercera generación.

Bueno, al menos en los segmentos de uso más elevados, porque por lo que respecta a los de niveles socioeconómicos bajos que constituyeron la mayoría de esas nuevas líneas, su consumo empujó el mercado a la baja, incluso por debajo de niveles de consumo promedio inferiores a los 10 dólares al mes.

En este nuevo (todavía) año del 2007, las áreas de mercadotecnia y de planeación estratégica de los operadores de telecomunicaciones están dedicados a combinar los avances tecnológicos, modificaciones regulatorias (el que llama
paga, portabilidad numérica a punto de entrar, baja en tarifas de interconexión con su consecuente impacto en las tarifas de mercado, entre otras) y condiciones de creciente competencia en el mercado (techos del mercado, crecimientos regionales y por ciudad, elasticidad del precio de la demanda de servicios y handsets, etc.) para determinar sus estrategias de mercado.

Al respecto, es importante considerar que, como es lógico, los segmentos de prepago (92% del mercado total) y de pospago o contrato (únicamente el 8% restante) tienen particularidades distintas, como poder adquisitivo, hábitos de consumo, capacidad de pago por medios bancarizados (recuérdese que un requisito importante para adquirir un contrato es contar con una tarjeta de crédito o medio de pago similar) y otros aspectos.

El segmento de prepago registra una mayor movilidad entre operadores y una utilización poco intensiva, que se ve se reflejado en un ARPU (promedio de consumo, por sus siglas en inglés que denotan Average Revenue per User)
promedio mensual de 120 pesos, considerablemente inferior al del mercado de prepago que rebasa en promedio los 600 pesos y en el caso de algunos operadores, llega a los 900 pesos mensuales.

Afortunadamente, el nuevo año será el cuarto año consecutivo de crecimiento económico de al menos 4%, en condiciones de estabilidad macroeconómica, con lo que se cumple la condición necesaria del buen desempeño macroeconómico para el buen desempeño del sector de las telecomunicaciones. La condición suficiente debe venir más bien del esfuerzo en términos de inversión en infraestructura, en publicidad, en mercadotecnia dirigida, en los inevitablemente necesarios subsidios a los handsets (barrera de acceso para muchos).

Con todo, no deja de resultar impresionante que en los cuatro años por venir se adicionarán al mercado mexicano aproximadamente 24 millones de líneas móviles de nueva generación, con mayor capacidad de transmisión, de almacenaje, de imagen, música, etc. Es decir, en menos de un lustro se agregarán un número superior al de las líneas fijas acumuladas en más de un siglo en México. El atractivo de negocios seguirá siendo muy grande aún, porque incluso deber recordarse que los contratos y aparatos o handsets son renovados en plazos de uno a dos años, lo que representa una permanente renovación de los clientes de las empresas.

Con todo, debemos esperar que continúe una fuerte competencia entre operadores, cuya estrategia ganadora no únicamente radicará en buscar capturar el mercado ya obtenido por los demás competidores, sino que se deberá centrar en el dinámico segmento incremental del mercado.

Autoridades y Tribunales

No deja de alarmar el hecho que al inicio de la competencia, los tribunales judiciales eran un lugar recurrente para las empresas por temas en disputa como la interconexión y sus tarifas, las prácticas anticompetitivas, la determinación de pagos por proyectos especiales, etc.

Lo más lamentable de todo es que hoy son las autoridades (algunos comisionados de la Cofetel y servidores públicos de la SCT) quienes se enfrentan en estas arenas, como si el sector de las telecomunicaciones no tuviera un rezago
regulatorio importante que atender, derivado de la virtual parálisis en ese campo en los últimos cinco años.

Sin embargo, la industria que opera en México unificó su voz la semana pasada en el foro organizado por el Instituto de las Américas para demandar que la regulación y la gestión gubernamental cumplan con su responsabilidad de brindar las condiciones de operación óptimas que requiere este sector, que es el más dinámico de la economía nacional.

Parece muy temprano en el curso del sexenio para que existan ya estos enfrentamientos de fracciones internas al gobierno, en desatención de las propuestas de optimización del aprovechamiento de los efectos de bienestar y
competitividad, a los que reiteradamente convoca el Presidente de la República.

Fuente: El Economista, Ernesto Piedras, Director General de The Competitive Intelligence Unit (www.the-ciu.net)

Opinión