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Equidad en las telecomunicaciones móviles

Es un lugar común la afirmación de que las comunicaciones electrónicas son cruciales para el desarrollo económico integral, que implica simultáneamente dos componentes: el crecimiento económico y su distribución equitativa de
beneficios.

Respecto al primero, no tenemos duda que las comunicaciones electrónicas se han vuelto estratégicas para el éxito individual de las empresas en términos de productividad y su consecuente competitividad, particularmente cuando su uso es combinado con inversión en habilidades, cambio organizacional e innovación.

Sin embargo, ¿qué hay al respecto de su distribución equitativa en la población de diferentes niveles socioeconómicos (NSE) y las unidades económicas de todos los tamaños? La intuición nos deja anticipar una asignatura pendiente. Solemos pensar que la tecnología es regresiva, es decir, que trae mayores beneficios a las personas con mayores ingresos y frecuentemente encontramos que así es, o al menos que históricamente así fue. Por ejemplo, tardamos un siglo para llegar a los 20 millones de líneas fijas que en su mayoría dan servicio a NSE altos, pero la evidencia reciente tiende a contradecir lo anterior. En tan solo 17 años de operación masificada de las telecomunicaciones móviles, tenemos ya evidencia de la creciente progresividad de sus efectos.

¿Servicios Sustitutos o Complementos?

Efectivamente, en México, al igual que en la mayoría de los países, la evidencia muestra que en los primeros años de la telefonía móvil (celular y trunking o flotilla), los usuarios móviles eran sobre todo aquellos de NSE con suficiente poder adquisitivo, que contaban ya con servicios de telefonía fija. Así, teníamos un efecto de complementariedad entre ambos servicios, pero hoy en día comienza a dominar el efecto de sustitución. Esto quiere decir que el
aumento de la penetración de la telefonía móvil en el país está contribuyendo ya a disminuir las diferencias entre aquellos con acceso a los servicios de telecomunicaciones y aquellos que no cuentan con él.

Un ejemplo de cómo la difusión tecnológica de servicios móviles se viene generalizando, es el hecho de que en tan solo dos años se ha triplicado el número de usuarios del segmento D/E, al pasar de 9% a 27% de la población de
esos estratos. Este proceso ha sido facilitado por los altos subsidios que ofrece la industria en México a la adquisición de los equipos celulares o handsets, lo que explica la velocidad de adopción y su consecuente efecto progresivo.

Este fuerte y acelerado impacto de la telefonía móvil es digno de la atención de las autoridades responsables de la política social en México. Y no es un asunto menor y mucho menos ornamental, porque únicamente 4% de esos hogares cuentan con telefonía fija, eso sin decir que más de dos terceras partes consumen únicamente lo correspondiente a las 100 llamadas incluidas en la renta básica. Lo que resulta es un caso de sustitución de accesos fijos por los móviles.

Además, en profesiones de relativamente baja remuneración (talachas) como la plomería, carpintería y otros servicios, la telefonía móvil ha tenido un impacto productivo positivo que le ha significado incrementar su facilidad de
localización, volumen de trabajo e incluso productividad. Es digno de destacarse que este efecto social no se deriva de acciones instrumentadas y ejecutadas por la Sedesol, sino por el progreso tecnológico y la industria.

Con respecto a lo que podríamos denominar la clase media, los segmentos D+/C registran una penetración móvil de 42% y 67%, respectivamente, también siguen creciendo de manera importante, sobre los grupos no profesionales como los estudiantes, amas de casa, gente de edad avanzada, y por supuesto, niños. Todo, como resultado de una estrategia segmentada por parte de los operadores, que ha llevado a la baja las aún no competitivas tarifas, con paquetes que combinan el uso de tráfico en minutos de voz y de intercambio de mensajes cortos (SMS).

Los segmentos de mayores ingresos en México son como los de cualquier parte del mundo. Nueve de cada diez de ellos tienen y han tenido estos servicios por mucho tiempo y prácticamente la totalidad de sus hogares han contado con al menos con una línea telefónica fija.

Una política social de mercado para telecomunicaciones

Con todo, la evidencia apunta a que las 700,000 nuevas líneas que cada mes se agregan en el mercado móvil, lo hacen en los NSE bajo y medio, si bien en esquemas de prepago o tarjeta, con consumos bajísimos que rondan el promedio de 100 pesos mensuales.

Es importante destacar el carácter social de las tecnologías contemporáneas, con su acelerado impacto en términos de equidad, derivados de la acción del progreso tecnológico y de la competencia en el mercado, sobre la base de
operación de un marco regulatorio eficiente. Así, una política pública efectiva en telecomunicaciones, enfocada al bienestar social, debe garantizar a las empresas un mercado competitivo para aprovechar su potencial como un sector líder.

Fuente: El Economista, Ernesto Piedras, Director General de The Competitive Intelligence Unit (www.the-ciu.net).

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