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Pese al riesgo de privacidad, no dejamos el móvil ni la red

Edward Snowden mostró el peligro de los datos, sin embargo, no abandonamos el móvil ni Internet

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Edward Snowden se presentó en La Sorbona en un auditorio lleno de jóvenes que asumen que la privacidad online es imposible: saben que todo lo que está en el móvil o en el navegador puede ser público.

Los más jóvenes son quienes menos usan Facebook, y son más conscientes de la pérdida de privacidad, pero están en Instagram y WhatsApp. 

No parece que la nueva generación vaya a abandonar la red para preservar su privacidad.

De hecho, Facebook acaba de anunciar más de 1,500 millones de usuarios diarios en diciembre, esto es, 9% más que el año anterior y beneficios récord en el último trimestre

El auditorio de la charla en la Sorbona estaba lleno de miembros de la generación Z, los que vienen después de los Millennials, para quienes Snowden, exagente de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y autor de una de las mayores filtraciones del historia, es un ídolo porque destapó lo que una generación asume como inevitable: todo queda grabado y nuestras acciones online pueden ser usadas para hundir nuestra reputación, manipular nuestra opinión o predecir nuestro comportamiento. 

Pero, aunque lo intuyamos, no abandonamos el móvil ni el Internet. Es demasiado valioso: no se negocia.

 

¿Qué hacer? 

Hay al menos tres opciones; una, legislar más ante las grandes empresas cuyo negocio es recopilar y vender datos; dos, reducir el uso del móvil al mínimo y procurar dejar el menor rastro posible con herramientas de código abierto; tres, resignarse al espionaje y confiar en que no nos toque porque somos poco importantes.

Ninguna opción es realmente viable por sí sola. Como ocurre con todos los grandes problemas, la solución es compleja. La legislación puede ayudar, pero antes hay que entender el reto. 

Hoy, los datos, nuestros datos, son una oportunidad y una tragedia. Es difícil comprender el nivel de detalle en la información de nuestras vidas que circula en medio del mercado.

Un primer paso sería lograr más transparencia: las empresas deberían reconocer qué datos usan y para qué , sin bombardear a los usuarios con complejos de términos de servicio. 

En los últimos días, uno de los escándalos que han afectado en Facebook ha ido en línea con esto: la iniciativa de una serie de organizaciones para que los usuarios pudieran saber exactamente por qué veían determinados anuncios en la red social y qué información suya estaba a disposición de los anunciantes, esta iniciativa ha quedado neutralizada.

Sin una fuerte presión social es difícil que algo cambie. El Interactive Advertising Bureau prevé que las empresas norteamericanas gasten en el 2018 más de 19,000 millones de dólares en la compra de datos de audiencia y en soluciones para dirigir, procesar y analizar esos datos, un 17.5% más que el año anterior. 

Este crecimiento anima a más empresas a entrar en un sector que vive sus mejores días de descontrol y del “todo es posible”.

Algunos analistas como Yuval Noah Harari sugieren que los datos de algoritmos coartan irremediablemente nuestro libre albedrío. 

En realidad es más desconcertante: no tenemos idea siquiera del inmenso reguero de datos analizable que dejamos en nuestra navegación por la red, ni el uso final que pueden llegar a tener.

Hasta ahora el desinterés que esto provocaba entre el público se justificaba con dos excusas: uno, ¿a quién le molesta unos cuantos anuncios personalizados; y dos, ¿”a quien le interesa tanto mi pequeña vida como para querer ver los mensajes que mando a mi pareja, lo que hago cada viernes por la noche?

No tengo nada que ocultar. Incluso hay quien dice: “Está bien que sepan cómo soy, así me mandan descuentos personalizados”.

¿Y en el futuro qué? ¿Alguien puede garantizar que en 2025 Google o Facebook sean empresas solventes y que tengan una dirección que sea susceptible a la opinión pública? 

¿Quién puede asegurar que la época más libre en Occidente, con casi medio siglo de paz, no vea su futuro amenazado por impensables cambios de gobierno?

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