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¿Quién se beneficia del bloqueo a la IED en telecom? (Columna de Ernesto Piedras)

En este sector tan dinámico padecemos muchas veces de Alzheimer regulatorio y se nos olvidan los temas relevantes, por caer en discusiones que no ayudan a la evolución del sector.

Sin duda, es este el caso relativo a la eliminación de restricciones a la Inversión Extranjera Directa (IED) en telecomunicaciones, la cual sigue en segmentos como el fijo limitada a 49% para extranjeros, como si abundáramos en recursos financieros para invertir en este sector.

Claro que esto resulta incluso contradictorio, cuando vemos que la característica de convergencia se liga para la optimización económica y social de las inversiones a una normatividad también convergente para sus inversiones. Es decir, convergencia de inversiones para la convergencia tecnológica.

Y es precisamente ese segmento, el fijo (líneas y banda ancha fijos), que al estar acotado para las inversiones, según su nacionalidad de origen, el que crece menos, incluso que la población y resulta en una subpenetración de servicios con los consecuentes efectos negativos en productividad, competitividad, competencia y bienestar social.

¿Quién gana con la barrera artificial a la inversión?

Una pregunta relevante es, ¿quién se beneficia de estas restricciones a la IED plena en telecomunicaciones? Evidentemente el operador dominante que como tal cuenta con poder substancial de mercado, así como las empresas más ineficientes, al evitar una competencia efectiva en sus mercados.

Son por demás obvios los beneficios sociales que se tendrían al permitir la IED plena, pues se incrementaría la infraestructura, se promovería la competitividad, se generarían más empleos, además de una mayor recaudación de impuestos independientemente de donde venga esa inversión y de las condiciones particulares que existan en ese país.

Sin embargo, esta modificación al régimen de inversiones ha topado sistemáticamente con varios obstáculos también artificiales, como “la reciprocidad de las inversiones en telecomunicaciones”. Ello se traduce en buscar abrir el mercado mexicano exclusivamente a las inversiones de países que permitan invertir a los operadores mexicanos. No suena mal, pero debe recordarse que el objetivo supremo de esta erradicación de barreras artificiales busca maximizar sobre todo el bienestar de los usuarios o consumidores, más que de los empresarios.

Con todo, la política de inversión convergente del sector deberá jugar el papel múltiple de aprovechar el potencial que brindan las nuevas tecnologías convergentes, a la vez que contribuye a fomentar la competitividad nacional.

Sin duda, un punto más en la agenda de las aún nuevas autoridades federales a cargo de la Secretaria de Comunicaciones y Transportes.

Opinión