México alcanza los 39 millones de internautas, según estudio

Por Mundo Contact | 18 octubre 2011 | Web

Un informe de Grupo FIGA señala que los usuarios de tecnologías, además de crecer en número, también diversifican las actividades que realizan en la red

El mercado de tecnologías de la información (TI) en México ha registrado un crecimiento este año, al contabilizar 39 millones de internautas, y para la próxima década estima crecer 12% anual, reveló un estudio de Grupo FIGA.

El análisis de la firma especializada en el desarrollo de plazas comerciales pronosticó que el segmento ABC crecerá 39 en la próxima década y en el segmento D se visualiza como el nicho que registrará el mayor crecimiento, debido a la densidad poblacional.

También mostró que los usuarios de tecnologías, además de crecer en número, también diversifican las actividades que realizan en la red.

De acuerdo con el estudio:

58% de los usuarios chatea o emplea el Messenger57% baja música48% actualiza o visita redes sociales38% envía o recibe correos27% baja imágenes26% escucha música21% busca información20% ve videos musicales11% baja libros digitales (e-books)

Según la investigación otras actividades que se realizan en la red son bajar películas, videos musicales y e-books con 10 por ciento cada uno.

Estas actividades amplían el mercado potencial de productos de cómputo y la compra de insumos, por lo que se auguran altas expectativas de ventas entre los socios-emprendedores de Tecnomar, afirmó el director administrativo de la empresa, Jorge Olvera Zamora.

Por otra parte, aseguró que el mercado de tecnologías de información está muy diversificado tanto en edades como estratos sociales, lo que implica una asesoría que permita la mejor selección de opciones de compra.

La compañía identificó que los elementos que buscan los usuarios de tecnologías de la información al comprar equipos y consumibles son seguridad, confort y servicio.

La firma inaurará en fecha próxima Tecnomar, una plaza comercial tecnológica ubicada en la Ciudad de México.

Fuente: El Economista