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La inteligencia artificial es nuestra oportunidad de ser más humanos

No debemos temer a una invasión global de la inteligencia artificial, sino entender cómo la automatización nos permitirá hacer más de lo que hacemos mejor: ser humanos

La inteligencia artificial es nuestra oportunidad de ser más humanos
La inteligencia artificial es nuestra oportunidad de ser más humanos

Por Manuel Aurelio Campos Rendón

Empiezo por decir que lo que voy a exponer es una firme creencia de un servidor; pero de ninguna manera son conceptos de mi creación, sino de la continua lectura e investigación de las tendencias en la tecnología y el ámbito socio-económico-administrativo que investigadores con profundos conocimiento han expresado.

Por lo tanto no creo que sea equivocado decir que en estos últimos cincuenta o sesenta años, la velocidad de llegada de las innovaciones tecnológicas y sobre todo las muy recientes digitales están creando cambios impactantes en todas las industrias, sectores económicos y sociales, así como en la conducta del ser humano, a un ritmo que nunca antes habíamos visto.

Hay quienes dicen que son disruptivos, yo digo que son evolutivos.

Algunos de esos cambios han dado lugar a sucesos importantes y fundamentales en el panorama económico, empresarial, social y conductual; otros han dado lugar a oportunidades de diferente tamaño o matiz para las empresas establecidas o las nuevas.

Todos estos cambios, sin embargo, tienen el potencial de afectarnos de forma positiva o negativa, según lo que tenemos en mente cuando codificamos dichos cambios.

El temor a estos cambios siempre ha existido, y la evolución de nuestra sociedad y sus factores económicos ha ido evolucionando.

La humanidad ya lo experimentó con el dramatismo que lo estamos viviendo en la actualidad, sólo que ahora son muchos más los cambios y a una mayor velocidad de propagación por la naturaleza de la tecnología actual.

 

De economía rural a industrializada

Lo que llamamos la Revolución Industrial o Primera Revolución Industrial, fue también un proceso de transformación económica, social y tecnológica que se inició en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino Unido, que se extendió unas décadas después a gran parte de Europa occidental y Norteamérica, y que concluyó entre 1820 y 1840.

Durante este periodo se vivió el mayor conjunto de transformaciones económicas, tecnológicas y sociales de la historia de la humanidad desde el Neolítico.

Esta época vio el paso desde una economía rural basada fundamentalmente en la agricultura y el comercio a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.

En términos actuales fue sumamente disruptiva; pero la humanidad se adaptó. Es obvio que por el tipo de vida y conocimientos de esa época, este cambio se extendió por casi un siglo.

Hoy en día, estamos viendo cambios igualmente sorprendentes para la mentalidad actual, en la mitad del rango de tiempo.

Queriendo ser más extremos, si observamos que el neolítico empezó 5,000 años antes de Cristo, la humanidad no sufrió cambios significativos en aproximadamente 6,850 años; por lo que cabe preguntar: tomando en consideración el tiempo de estabilidad, ¿cuál era es más disruptiva, esta o la primera revolución industrial?

 

Robots vs. humanos

En lo personal, pienso que el desasosiego sobre los cambios, en específico sobre la automatización –que desplazan trabajos humanos– ha existido siempre.

Esos temores han sido contrarrestados por la realidad de que el cambio suele ocurrir lentamente (y también aquí va a depender de qué tan rápido se desarrolle la Inteligencia Artificial (IA)).

Por ejemplo, la automatización y los robots más recientemente, no desplazaron todos los trabajos de la manufactura de la noche a la mañana.

En cambio, tanto la automatización, como la robótica han reducido gradualmente la necesidad de mano de obra humana en la fábrica durante las últimas décadas.

Los empleos perdidos no fueron absorbidos sin esfuerzo por la economía, pero el cambio ocurrió lo suficientemente lentamente como para que finalmente pudieran absorberse. ¿Cómo?, con la educación y capacitación para trabajo intelectual.

Pero… ¡y siempre hay un pero!; en el presente, el miedo se incrementa por la inmensa probabilidad de que la tecnología desplace puestos de trabajo y que no puedan ser absorbidos por la economía.

 

Evolución a toda velocidad

Y todos lo vemos: la tecnología está progresando a una velocidad vertiginosa, sin importar a que empresa u organización te vayas a trabajar o en qué sociedad vivas; tal parece que las oleadas de innovación tecnológica hacen que hacer las cosas (manufactura o trabajo intelectual) de manera más eficiente y eficaz sea mucho más sencillo.

Y si no, observen la velocidad con la que están empezando a suceder los cambios: mientras que a la máquina de vapor le tomó más de 100 años que se usara en forma común; a la electricidad le tomó 46 años tener 50 millones de usuarios; la radio tardó 38 años en tener 50 millones de usuarios; a la TV le tomó 22, al avión 68 años; al automóvil 62 años; a las computadoras 14 años; al Internet sólo 7; el iPod tardó sólo 4 años; y Facebook, sólo 3.

La tecnología contemporánea siempre ha progresado a un ritmo vertiginoso. En los años 60, Gordon Moore acuñó el término Ley de Moore, que predijo que el poder de procesamiento total de una computadora se duplicaría cada dos años.

Aunque la tecnología ha superado con creces las predicciones de Moore, la premisa básica sigue siendo la misma: que la tecnología por su propia naturaleza continuará avanzando.

Esta época está marcada por la convergencia de tecnologías como las digitales, con las ciencias físicas y biológicas, y cambiará el mundo tal como lo conocemos.

Hay ciencias que son desconocidas para el hombre común y corriente, como son: la genética, la nanotecnología y la neurociencia.

¿Cómo podrán cambiar la vida del humano? Aún no lo podemos percibir; por lo menos no los hombres comunes y corrientes, pero, ¿quién dice que no podemos ser Cyborgs (al estilo de Elysium) o una conciencia virtual (al estilo de Avengers o de Día de la independencia 2)? No se rían, sé que suena a ciencia ficción, ¿pero quién dice que no sería posible?

 

No somos reemplazables

Todo lo anterior hace que lo que alguna vez fue una preocupación para los trabajadores de la industria manufacturera, ahora es una preocupación para todos aquellos cuyo trabajo tiene características analíticas o repetitivas.

¿Quieres construir algo sin trabajadores de fábrica? Ya hay plantas de manufactura, virtualmente sin intervención humana; pero, por otro lado si necesita una apendicetomía, todavía se necesitará un cirujano por su destreza manual; por lo menos en el futuro muy cercano.

Aun así, no es descabellado imaginar un futuro cuando un asistente podría supervisar una apendicetomía automatizada como un barista de Starbucks haciendo selecciones digitales en una máquina de hacer café.

Hay quienes afirman que el trabajo que estamos haciendo en la tecnología, específicamente en IA tiene un peso increíble en la humanidad, y que a menudo tomamos muy a la ligera.

 

¿Realmente la inteligencia artificial sustituirá al ser humano?

Personalmente, creo que no; por lo menos no en los próximos 200 años.

No hay duda de que tiene el potencial para hacerlo, pero confío en que la inteligencia humana y sus principios siempre estarán controlando su desarrollo y que sus más altos valores morales estén integrados en el desarrollo de los algoritmos de esa IA.

Lo anterior, es una especulación de mi parte basada en el razonamiento siguiente: ‘La tecnología ha existido desde que apareció el hombre’.

¿Por qué digo esto? Porque la tecnología ha crecido en paralelo a la inteligencia y necesidad humana; la historia de la tecnología la podemos ver desde la edad de piedra: herramientas para la caza, o para crear fuego, tecnología creada por la limitada inteligencia del hombre de esa época y su necesidad de supervivencia, hasta los últimos desarrollos e innovaciones de la tecnología de punta, como la inteligencia artificial o el Deep Learning.

Es un hecho que la tecnología está cambiando la forma en que vivimos, pero también la forma en la que pensamos y actuamos.

Los aparatos tecnológicos son producto de la vida misma (supervivencia) de la economía, de la fuerza de ese crecimiento económico, y buena parte por desgracias de los conflictos humanos (las guerras).

El desarrollo tecnológico está afectado por las costumbres culturales de la sociedad, pues son un medio para el desarrollo de esa sociedad y su bienestar, pero también son un medio para obtener poder económico, militar y hasta político.

Es un hecho incuestionable que la IA está haciendo cada vez más eficientes y rápidos los sistemas con los que operamos. Por ejemplo, los sistemas de relacionamiento, administración, gestión y contacto con las personas (clientes, huéspedes o pacientes).

Pero es una realidad que no podemos obviar, el hecho de que dichas personas siempre necesitarán de alguna actividad humana, por lo menos en el rango de tiempo que les mencioné.

En estos tiempos, no pasa un día en que no escuchemos de ‘IA, y de la rebelión de las máquinas estilo Terminator’. Creo que la creación de verdaderas inteligencias artificiales, que a pesar de los notables e increíbles avances en esta área, sigue siendo percibida como una amenaza.

Considero que esta percepción es causada por la incertidumbre, no tenemos claro cuál es el alcance de esta imitación y cuál es su finalidad.

Ahora bien, la forma en que nos vamos relacionando con la tecnología va cambiando día a día, ahora ya podemos ver –y no nos dimos cuenta cuando sucedió– que los buscadores ya nos encuentran con mayor facilidad lo que buscamos, con software que sin ser inteligente, tal y como concebimos la inteligencia, sí es increíblemente complejo.

Mientras que las tecnologías maduras relacionadas con la IA están todavía en su infancia, es un hecho que la automatización del lugar de trabajo ya está aquí en todos los sectores.

De la agricultura a la moda, las empresas están utilizando la automatización para reducir los costos y seguir el ritmo de producción.

Un informe de PwC de principios de este año afirma que, en los próximos 15 años, el 30% de los empleos en el Reino Unido podrían verse afectados por la automatización, con el 46.4% de los puestos de trabajo de fabricación y el 56.4% de los puestos de almacenamiento siendo automatizados a principios de 2030.

A pesar de estas elevadas cifras, PwC sostiene que, en su mayor parte, la automatización aumentará la productividad, reducirá los costos y agregará valor real a los sectores que dependen de la interacción humana inteligente.

 

El valor de los datos

La AI requiere aprendizaje automático, y para hacerlo, las máquinas necesitan datos, muchos datos.

Pero, los seres humanos son también cada vez mejores en sus puestos de trabajo debido a la abundancia de datos que hay, que nos da un universo de información cuando sea, donde sea.

Sólo tenemos que recurrir a Google o similares para ver cómo las aplicaciones basadas en datos han reinventado la forma en que existimos, y toda esta información gratuita ha mejorado la forma en que operan las empresas.

Pero conseguir los datos correctos rápidamente puede ser un proceso engorroso; después de todo, no todos los datos son buenos.

La buena noticia es que la ayuda está a la mano, y la tecnología está avanzando para ayudar a automatizar las tareas más largas y mundanas de entrada de datos.

A pesar del rápido crecimiento de la tecnología, un informe de Gartner señala que el 89% de las empresas ahora creen que la experiencia del cliente es el punto de referencia más importante por el que son juzgadas.

Es una figura que encapsula el papel vital que los seres humanos todavía tienen en el lugar de trabajo. Aunque los datos pueden ser ordenados eficazmente por una máquina en menos de un milisegundo, los humanos son quienes implementan la tecnología y le dan significado.

El auge de la automatización reinventará las prácticas del relacionamiento humano tradicional, no sólo las comerciales.

No necesitamos sentarnos y acobardarnos ante el temor de una invasión global de la IA; necesitamos entender cómo la automatización nos permitirá hacer más de lo que hacemos mejor: ¡ser humanos! (bueno, eso espero).

La historia está llena de profecías de que la automatización hará que los seres humanos sean redundantes. Solo necesitamos referirnos a la Primera Revolución Industrial, donde los luditas textiles estaban preocupados de que las máquinas tomaran sus puestos de trabajo y robaran sus medios de subsistencia.

Pero, en retrospectiva, podemos ver que estos avances solo mejoraron la vida de los trabajadores y aumentaron la productividad.

A medida que entramos en la Cuarta Revolución Industrial, este temor nuevamente ha vuelto a entrar en juego. Aunque habrá un aumento marcado en la automatización, la tecnología ayudará a las empresas y a los empleados, haciendo un mejor empleado y un negocio más exitoso.

Yo no hablaría de una cuarta revolución industrial, sino de la lógica Evolución del Ser Humano. Porque las repercusiones –como ya mencioné antes– impactarán en nuestra conducta y en cómo nos relacionamos hasta en los rincones más separados de nuestra vida diaria como humanidad.

Esta evolución está afectando ya en dónde trabajamos, el futuro del trabajo, por lo tanto el mercado del trabajo, y hasta la desigualdad en el ingreso se verá aliviada, y los coletazos de este cambio impactarán la seguridad geopolítica y los marcos éticos del ser humano.

Siempre he pensado que el objetivo del progreso humano –por eso digo que es una evolución, no una revolución– está basado en nuestras acciones para la modernización y mejora de nuestro entorno, por lo que la motivación primigenia es mejorar nuestras condiciones de vida empezando por nosotros mismos.

Si queremos ser más efectivos y productivos, no debe de ser gracias a una máquina de vapor, la electricidad, las computadoras, o las nueva tecnologías (que son o deberían ser simples herramientas), sino por nuestras habilidades personales. ¡Sí, nuestro cerebro!. Esa masa gris que aún desconocemos y que no utilizamos en forma óptima.

Debemos enfocar a la ciencia y las tecnologías (actuales y nuevas) en descubrirlo, conocer cómo funciona y qué lo estimula, para usarlo mejor y para darnos una idea clara de qué debemos buscar para maximizar el bienestar humano y disminuir esa incertidumbre y miedo que nos dan las tecnologías nuevas. ¿Qué piensan?

Opinión